martes, 24 de febrero de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
Martín Chambí
jueves, 25 de diciembre de 2008
lunes, 22 de diciembre de 2008
TEXTO INÉDITO SOBRE EL MAR
Llallagua es el nombre de
una diosa andina de la
fecundidad y la abundancia,
y Llallagua se llama,
también, un pueblo minero
en Bolivia, habitado por la
miseria y el frío.
El pueblo vive de la mina, y
en la mina mueren los hombres.
Metidos en los socavones,
en las tripas de las montañas,
persiguen las vetas de estaño
y en esa cacería pierden en,
pocos años, los pulmones y
la vida.
Yo había pasado un tiempito,
ahí en Llallagua, y me había
hecho algunos amigos.
Y había llegado la hora de partir.
Estuvimos toda la noche
bebiendo chicha y singan, mis
amigos y yo, cantando tristezas
y contando chistes, a cuál más malo.
Cuando ya estábamos cerca
del amanecer, cuando
poco faltaba para que el chillido
de la sirena los llamara al
trabajo, mis amigos callaron,
todos a la vez, y algunos preguntó,
o pidió o mandó:
- Y ahora, hermanito, dinos
cómo es la mar.
Yo me quedé mudo.
Insistían:
-Cuéntanos. Cuéntanos cómo es la mar.
Ninguno de ellos iba a verla nunca,
y yo no tenía más remedio que
traerles la mar,
la mar que estaba lejísimos, y
encontrar palabras que
fueran capaces de mojarlos.
EDUARDO GALEANO
Clarín, domingo 21 / 12 /08
una diosa andina de la
fecundidad y la abundancia,
y Llallagua se llama,
también, un pueblo minero
en Bolivia, habitado por la
miseria y el frío.
El pueblo vive de la mina, y
en la mina mueren los hombres.
Metidos en los socavones,
en las tripas de las montañas,
persiguen las vetas de estaño
y en esa cacería pierden en,
pocos años, los pulmones y
la vida.
Yo había pasado un tiempito,
ahí en Llallagua, y me había
hecho algunos amigos.
Y había llegado la hora de partir.
Estuvimos toda la noche
bebiendo chicha y singan, mis
amigos y yo, cantando tristezas
y contando chistes, a cuál más malo.
Cuando ya estábamos cerca
del amanecer, cuando
poco faltaba para que el chillido
de la sirena los llamara al
trabajo, mis amigos callaron,
todos a la vez, y algunos preguntó,
o pidió o mandó:
- Y ahora, hermanito, dinos
cómo es la mar.
Yo me quedé mudo.
Insistían:
-Cuéntanos. Cuéntanos cómo es la mar.
Ninguno de ellos iba a verla nunca,
y yo no tenía más remedio que
traerles la mar,
la mar que estaba lejísimos, y
encontrar palabras que
fueran capaces de mojarlos.
EDUARDO GALEANO
Clarín, domingo 21 / 12 /08
viernes, 21 de noviembre de 2008
martes, 4 de noviembre de 2008
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